Los Bits del Núcleo
Una newsletter de lo más interesante del mundo tecnológico... o tal vez no.
Esta semana he estado intentando sobrevivir a un reto de “Detox Digital” con la familia y amigos para bajar nuestro tiempo de pantalla. Es una tarea casi imposible cuando la industria entera parece decidida a inyectarnos ansiedad tecnológica en dosis diarias.
Mientras yo intento alejarme del monitor, pasaron tres cosas que me regresaron de golpe a la realidad:
El agujero negro de los mil millones de dólares: Revisando mi inbox en Superhuman (mi cliente de correo), leí el reporte de Dmitriy Byshonkov y me topé con un hito ridículo. Star Citizen acaba de superar los mil millones de dólares en financiamiento. Mil millones. Por un juego que lleva en desarrollo desde 2010 y sigue sin fecha de lanzamiento oficial. El morbo pudo más que mi detox, así que fui y me creé una cuenta en Roberts Space Industries. Ahora soy oficialmente el ciudadano “CarlosGG”. ¿La mejor parte? Todavía tienen el descaro de vender “Starter Packs” que van de los 60 hasta los 1,150 dólares por naves virtuales en un universo que quizá puedan jugar nuestros nietos.
La carrera de los billones y el caos de los agentes: La locura de la IA pasó de los laboratorios a Wall Street. Anthropic le ganó el parpadeo a OpenAI y metió su documento S-1 para salir a bolsa, apuntando a una valuación que roza el billón de dólares (mil millones, para los mexas). En paralelo, Steven Levy de WIRED publicó una pieza detallando cómo los agentes de IA sumieron al mundo tech en un caos absoluto. Pasamos de “la IA va a ayudarnos a escribir código” a un frenesí donde nadie está seguro de la infraestructura sobre la cual van a operar estos agentes.
Un servidor en tu mochila: Y como para no quedarnos cortos de hardware para correr todo ese caos, Nvidia y Microsoft aprovecharon para aventarnos a la cara la nueva Surface Laptop Ultra. Trae el dichoso superchip RTX Spark basado en ARM, prometiendo hasta un petaflop de cálculo de IA de forma local. Básicamente, la industria quiere que traigamos un mini servidor capaz de procesar modelos de lenguaje pesado sin freírnos los muslos.
La pregunta real aquí es: si tuvieran mil dólares sobrantes hoy, ¿se los meterían a una nave .jpeg de un juego que no ha salido, o a una laptop diseñada para correr agentes de IA localmente?
El fin de la Ley de Moore (versión China)
Si han estado leyendo las noticias de tecnología esta semana, quizá se toparon con el anuncio de He Tingbo, la “reina de los chips” de Huawei. Resulta que en una conferencia en Shanghái, anunció que la sagrada Ley de Moore (esa que dicta que la potencia de los chips se duplica cada dos años) tiene un sucesor: la “Ley Tau”.
Suena a innovación pura y dura, ¿no? Bueno, leyendo el reporte de Lingling Wei en el Wall Street Journal, la realidad es un poco más cruda y bastante más terrenal.
Lo que Huawei está haciendo es construir chips hacia arriba (apilando capas de circuitos) en lugar de hacerlos más pequeños. El problema es que TSMC, Intel y AMD ya hacen esto, pero lo hacen sobre chips fabricados con litografía ultravioleta extrema (EUV). Como las sanciones de EE. UU. le prohíben a China comprar estas máquinas (fabricadas casi en exclusiva por la holandesa ASML), Huawei no tiene de otra.
La verdad incómoda: La “Ley Tau” no es el siguiente salto evolutivo de la humanidad; es el plan B de una empresa que no puede acceder al hardware de punta.
El desfase temporal: Huawei dice que igualará el rendimiento de los chips de última generación para 2031. El detalle es que TSMC llegará a ese mismo nivel en 2028. Para 2031, la brecha real será de seis a ocho años.
Es genuinamente impresionante lo que los ingenieros de Huawei están logrando con las herramientas que tienen a la mano. Pero vender una limitación geopolítica como un avance científico es, por decirlo menos, un magistral trabajo de PR (del cual deberíamos tomar nota).
¿Hasta qué punto la narrativa corporativa puede sostener a una industria que está físicamente bloqueada de la tecnología de punta?
PlayStation y la crisis de la nostalgia
Hablemos de videojuegos, porque esta semana recibí un par de dosis de realidad. Por un lado, leyendo el reporte de Stephen Totilo en Game File, soltó un dato que le duele a más de uno: PlayStation necesita un éxito rotundo y urgente en medio del declive de ventas de sus juegos first-party.
Y por otro lado, ¿qué aterriza en mi bandeja de entrada? Anuncios de la Temporada 4 de Call of Duty: Black Ops 7, más actualizaciones para Fallout 76, y promociones de Steam para comprar la edición del 20º Aniversario de Duke Nukem 3D.
El contraste cuenta una historia clarísima sobre dónde está parada la industria:
El terror al riesgo: Hacer un juego AAA hoy cuesta cientos de millones de dólares. PlayStation lo sabe, y cuando uno de sus exclusivos no rompe récords de ventas, el agujero financiero es brutal.
La vieja y desgastada confiable: Ante ese riesgo, la respuesta de la industria es exprimir las IPs hasta dejarlas en los huesos. Si no podemos asegurar que una nueva franquicia será un hit, mejor vendámosle a los gamers de 40 años (o más) el mismo juego de Duke Nukem o la enésima entrega de Black Ops.
Los reportes que lanzó GameAnalytics esta semana no mienten sobre los benchmarks de retención de jugadores en PC y móviles. Retener a un usuario con cosas nuevas es carísimo, así que apelar a su infancia es la ruta cobarde pero efectiva.
¿Cuánto tiempo más puede sostenerse la industria cobrándonos a precio de oro los refritos antes de que la burbuja de los AAA reviente por completo?
Y con esto, cerramos esta primera edición de “Los Bits del Núcleo”.



