Sonos Beam (Gen 2): Mucho sonido en poco espacio
Una barra compacta que no tiene nada de pequeña cuando se trata de llenar una habitación de sonido.
Llevaba tiempo con ganas de probar la Sonos Beam (Gen 2). Ya conocía la marca —tengo algunas bocinas y los Sonos Ace que reseñé hace un tiempo— así que sabía más o menos qué esperar. O eso creía. Porque incluso conociendo la marca, incluso sabiendo que Sonos no suele decepcionar, la Beam me sorprendió. Y eso, con un producto de audio, no es poca cosa.
Desde la caja, ya se nota
Hay marcas que cuidan el empaque como si fuera parte del producto, y Sonos es una de ellas. Desde que abres la caja hay algo que comunica: esto no es un gadget cualquiera. Los materiales son sobrios, bien pensados, sin excesos de cartón ni plásticos innecesarios que terminarán en la basura en cinco minutos.
Adentro encontrarás todo lo necesario para conectar la barra a tu televisor de inmediato: cable HDMI ARC incluido, guía de inicio y nada más que lo que realmente necesitas. Sin sorpresas desagradables del tipo “ah, el cable principal se vende por separado”. Eso, en estos tiempos, ya es un punto a favor.
Compacta, pero no discreta en lo que importa
El tamaño es uno de los argumentos más fuertes de la Beam. No es la barra más grande del catálogo de Sonos —para eso está la Arc— pero eso es parte de su encanto. Es una barra diseñada para televisores de hasta unas 45 pulgadas, aunque perfectamente puede vivir debajo de una pantalla más grande si el espacio lo permite y si no te obsesiona la proporción visual. En ese sentido, es versátil.
Pero que su tamaño no te engañe. Desde el primer segundo que la encendí, me quedé con la boca abierta. La potencia que saca de ese cuerpo compacto no tiene mucha lógica física aparente, y me encanta exactamente por eso. Es de esos momentos en que la tecnología te recuerda que el tamaño no siempre es lo que determina la calidad.
En cuanto a diseño, la Beam luce elegante y discreta. Se integra perfectamente con los marcos negros de casi cualquier televisor moderno, como si hubiera sido diseñada específicamente para complementarlos, que en cierto modo lo fue. Si prefieres un look más luminoso o tienes una pared blanca y quieres que resalte, también hay versión blanca.
En la parte trasera, la conectividad es funcional sin ser exagerada: HDMI ARC para conectarla al televisor, un puerto Ethernet por si prefieres una conexión cableada a tu red —yo la tengo por WiFi y no he tenido ningún problema— y la posibilidad de conectar una entrada auxiliar con un adaptador que se vende por separado. Este último detalle es más interesante de lo que parece: si tienes un tocadiscos de vinilo, puedes conectarlo a la Beam y darle una dimensión completamente distinta a esa experiencia. Vinilo con la calidad de audio de Sonos. No está nada mal.
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Configuración: sin dramas, en serio
Había leído comentarios bastante negativos sobre la app de Sonos cuando salió la actualización grande el año pasado. La comunidad de usuarios no estaba precisamente contenta. Honestamente, yo no tuve ningún problema. Cero. Nada. Descargué la app, la abrí y me fue guiando paso a paso de manera clara y sin tecnicismos innecesarios: conectar a la red, vincular a tu cuenta, configurar el espacio donde va a vivir la barra. En minutos estaba lista para usarse.
Desde la app también configuras tus servicios de música y podcasts favoritos —Spotify, Apple Music, lo que uses— y ajustas parámetros de sonido como graves, agudos y balance según tus preferencias. Pero hay un detalle que me parece especialmente bien pensado: la app te muestra en tiempo real el códec de audio que estás reproduciendo. No es información que necesites saber en todo momento, pero cuando ves que dice Dolby Atmos ahí, con todas sus letras, la experiencia de lo que estás escuchando cobra otro significado.



¿Y por qué importa el códec? Porque la Beam Gen 2 es compatible con la familia DTS y con toda la gama de Dolby, incluido el cada vez más presente Dolby Atmos. Si tu servicio de streaming lo soporta —Netflix, Apple TV+, Disney+ y otros ya lo hacen para bastante contenido— la app te lo confirma, y lo que escuchas lo confirma todavía más.
El sonido: aquí es donde se pone bueno de verdad
Seré honesto: cuando me dicen “Dolby Atmos en una barra de sonido”, mi primer instinto es el escepticismo. Lo he visto muchas veces en el mundo de la tecnología: una promesa grande con resultados chafas. Pero en este caso me equivoqué, y lo admito con gusto.
Por dentro, la Beam está llena de bocinas orientadas en distintos ángulos, diseñadas específicamente para crear esa sensación de espacialidad tridimensional sin que necesites bocinas físicas adicionales en la habitación. No las ves, claro. Solo se aprecia la elegante barra negra o blanca frente a tu televisor. Pero las escuchas, y eso es exactamente lo que importa.
¿Funciona el efecto de verdad? Vaya que sí. Al principio lo dudé, luego empecé a notarlo en escenas específicas, y ahora no me imagino volver a ver series o películas sin ese sonido envolvente. No es lo mismo que tener un sistema de bocinas físicas rodeándote, seré claro en eso, porque la honestidad importa en una reseña. Pero el efecto que logra la Beam dentro de sus posibilidades físicas es genuinamente impresionante, y más de una vez me ha hecho voltear a ver si había algo detrás de mí.
Las voces son claras y bien definidas, los agudos brillan sin llegar a cansar el oído, y los graves tienen presencia real. No solo se escuchan: se sienten. Cada explosión, cada impacto, cada capa de sonido ambiente en una escena tiene peso y dimensión. Para una habitación mediana, que es donde yo la tengo, la potencia es más que suficiente. Si la tuvieras en una sala grande, probablemente le añadirías un Sub de Sonos para reforzar las frecuencias bajas —y tendría todo el sentido del mundo hacerlo—, pero eso lo explico un poco más adelante.
Lo que sí hay que tener en cuenta: para disfrutar el efecto tridimensional al máximo, lo ideal es estar de frente a la barra. No es un defecto del producto, es la naturaleza del audio espacial cuando viene de una sola fuente. Quienes estén en los extremos del sofá van a escuchar algo muy bueno, pero el punto óptimo es el centro. En eso la Beam es honesta con sus limitaciones físicas.
Ah, y una cosa más que vale la pena mencionar: la Beam también es una bocina perfecta para música. No es su caso de uso principal, obviamente, pero si quieres poner algo de fondo mientras haces otra cosa o simplemente disfrutar un álbum desde el sofá frente al televisor apagado, cumple de sobra. El balance de frecuencias que tiene funciona bien tanto para el cine como para la música, que no siempre es el caso con barras de sonido optimizadas exclusivamente para efectos cinematográficos.
Extras que hacen la diferencia en el día a día
La Beam tiene un par de modos que en la práctica uso mucho más de lo que anticipaba cuando la configuré por primera vez. El modo de mejora de diálogos es una joya que parece menor hasta que la necesitas. Si has visto películas recientes donde los actores susurran en la mitad de las escenas dramáticas porque al director le dio por grabar “naturalista” —y sabes perfectamente de lo que hablo— este modo te rescata. Voces claras, bien definidas, sin que el resto del espectro sonoro se sacrifique en el proceso.
El modo nocturno es igual de útil, quizás más. Cuando tienes que bajarle el volumen para no despertar a nadie en casa, lo normal es que el sonido se vuelva plano, sin dinámica, sin esa sensación de profundidad que hace que ver una película valga la pena. El modo nocturno de la Beam compensa eso: mantiene la sensación de riqueza sonora incluso a volumen bajo.

Y luego está la función que más he disfrutado de todo el ecosistema, y que involucra tanto a la Beam como a los Sonos Ace: si tienes esos audífonos —y si no los tienes, te recomiendo leer mi reseña porque son extraordinarios— puedes transferir el audio de la barra directamente a los audífonos desde la app, con un par de toques. De un momento a otro, la Beam se silencia completamente y el sonido aparece en tus oídos con toda la calidad, incluido Dolby Atmos. Cuando terminas con los audífonos, regresas el audio y la barra retoma el mando como si nada. Sin pasos raros, sin reconfigurar nada.
Yo he visto carreras de F1 a las 2 de la mañana gracias exactamente a esto, sin despertar absolutamente a nadie. Una función que suena a detalle menor en el papel, y que en la práctica se convierte en algo que usas constantemente y que empieza a sentirse indispensable.
El ecosistema: ahí está su verdadero superpoder
La Beam no es solo una barra de sonido. Es un nodo dentro del ecosistema de Sonos, y eso cambia bastante cómo la piensas y cómo la usas. Se integra con cualquier otra bocina de la marca para crear un sistema multisala: puedes mandar el sonido de una bocina en la cocina a la Beam en la recámara, o al revés, o a ambas al mismo tiempo. La música te sigue por la casa sin que tengas que hacer absolutamente nada más que quererlo.
También es compatible con Alexa, así que si ya tienes ese ecosistema de Amazon funcionando en casa, la Beam entra sin fricciones. Le hablas, le pides música, le pides que suba o baje el volumen. Todo lo que ya haces con otros dispositivos Amazon, pero ahora con el sonido de Sonos.
Pero lo que me parece más valioso del ecosistema es su modularidad, y esto merece un párrafo aparte porque creo que es uno de los argumentos más inteligentes del modelo de Sonos como marca. La Beam puede vivir perfectamente sola y hacerlo muy, muy bien. No necesita nada más para ser una experiencia de audio excelente. Pero si en algún momento quieres dar el siguiente paso —un Sonos Sub para reforzar los graves y hacer que las explosiones de acción se sientan en el pecho, unas Era 300 para construir un sistema surround real con bocinas físicas a los lados— simplemente las agregas a tu configuración existente. La app las reconoce, las integra y las calibra en conjunto.
No tienes que comprarlo todo de una vez. No tienes que planear un sistema completo desde el principio ni hacer una inversión enorme en un solo momento. Empiezas con la Beam, disfrutas, y cuando quieras crecer, creces. Tu ritmo, tu presupuesto, tus prioridades.
¿Vale lo que cuesta?
La Sonos Beam (Gen 2) cuesta MX$9,999. No es una cifra pequeña, y no voy a pretender que lo es. Hay barras de sonido más baratas en el mercado, y algunas hasta suenan razonablemente bien para su precio. Pero cuando evalúas el paquete completo que ofrece la Beam —calidad de sonido real y comprobable, Dolby Atmos que funciona de verdad y no solo en el papel, facilidad de configuración y uso, integración a un ecosistema maduro y bien construido, la modularidad para ir creciendo el sistema cuando quieras, modos inteligentes que hacen la experiencia más cómoda en el día a día— el precio se justifica con argumentos concretos.
Si ya tienes bocinas Sonos en casa, no hay mucho que pensar: la Beam se integra al instante y suma mucho a lo que ya tienes. Si es tu primer producto de la marca, también es un excelente punto de partida. Uno del que no te vas a arrepentir. Te lo digo yo.
La Sonos Beam (Gen 2) está disponible en sonos.com, tiendas online y departamentales, en color negro y blanco, a un precio, como ya dijimos antes, de MX$9,999.











